jueves, 27 de noviembre de 2014

El tipo triste del bar

Queridos lectores, después de un largo periodo de “purificación”, después de esta larga pausa en donde he podido poner en orden mi alma, después de haber arrojado a la basura todos los malos recuerdos, rencores y demás malas hierbas que me impedían ser la persona que me gusta ser, después de haber buscado de nuevo y haber encontrado lo que verdaderamente me hace feliz, después de estos “raros” dos años, me veo con fuerzas, con ganas y con algo de tiempo para volver a contar mis batallitas en este querido blog que algunos seguís con tanto cariño.

La verdad es que no sé por donde empezar, me pasa siempre, pero lo haré con una idea que me rondaba la cabeza esta mañana mientras me ocupaba de las labores del hogar. Y es que me ha dado por pensar en la cantidad de dinero que nos gastamos en la fase previa a la Navidad en pequeñas tradiciones, detallitos que van consumiendo como microscópicas bacterias nuestra merecidísima paga extraordinaria de Navidad. ¿No os ha pasado que en el tiempo que tardáis en decir “que bien me va a venir este año la paga extra” ya ha desaparecido de la cuenta?. A mí me ha pasado, es más, este año la tengo apalabrada desde principios de octubre.

Si os parece bien empezaremos haciendo la cuentas de la comidita de Navidad con los compañeros de trabajo, que dicho sea de paso no se parece ni por asomo a las que salen en las películas, en las que en la mayoría de las ocasiones invita el jefe y le sobra para comprarle una joyita a su secretaria. Pues bien, con eso de que estamos saliendo de la crisis, el solomillito ronda los 40 euritos, eso sin incluir las copas, en donde a mi, que soy un gran bebedor, se me pueden escapar del bolsillo perfectamente otros 20 euros. Lo malo es si decides ir con pareja, no porque se ligue mucho en estas comidas, sino porque tienes que multiplicar esa cantidad por dos, lo que nos sale unos 120 euros, y como además, tu pareja te pedirá que le acompañes a la suya, en un par de semanas nos habremos gastado alrededor de 240 euritos.

No se si es solo impresión mía pero los restaurantes que ofrecen comidas de empresa cada vez se lo curran menos. En las primeras comidas de este tipo a las que yo asistía, llegabas al sitio en cuestión y mientras esperabas te obsequiaban con una cervecita, o dos, ahora no, hoy en día si quieres una cervecita te la tienes que pagar, y te la cobran, pero bien cobrada, no tendrán suficiente con los 40 euros. Antes los entrantes consistían en jamón ibérico, queso manchego y croquetas caseras. Ahora se han puesto de moda unos entrantes que llaman “crujientes” y el nombre de lo que tengan dentro, que no es más que envolver con la masa de un rollito de primavera todo lo que pilles en la cocina. También les ha dado por meter en un vasito de chupito que si salmorejo, que si puré de verduras… “cocina de autor” la llaman, yo la verdad, con un buen vino, una pata de jamón ibérico y un queso manchego me apaño.

Hablemos ahora del solomillo, el plato estrella de estas comidas. A mí me gusta el solomillo poco hecho, y me da la sensación de que en este tipo de eventos lo hacen dos y hasta tres veces, encontrar jugo en esos solomillos es como buscar agua en el desierto. Sólo deciros que el último solomillo que me trajeron en ese estado me lo tuvieron que sacar de la garganta mediante la maniobra de Heimlich y cuando salió volando rompió el cristal de la ventana.

Sin lugar a dudas, lo que más ha variado en las comidas de empresa de un tiempo a esta parte son los postres, antes todo el mundo pillaba un postre; culán, tiramisú, tarta de chocolate… da igual, yo tenía mi postre y me lo comía yo solito, a veces podías hasta elegir entre dos opciones. Ahora no, porque curiosamente se ha puesto de moda el “surtido variado” que no es más que una mísera bandejita de pasteles que ponen en el centro de la mesa y que gane el mejor. En fin, que lo voy a pasar muy bien este año.

Previendo estos gastos y el de alguna cenita más, este año decidí no gastarme los 20 euros de la lotería, estaba completamente convencido, no me gasto un duro en lotería, hasta que de repente comienza a circular un anuncio de un tipo con cara de amargado que no ha comprado lotería y al que lo tiene que convencer su mujer para que baje al bar a dar la enhorabuena a todos los que se acaban de forrar. -Me cago en la puta -pensé yo, -con el anuncito, esto puede echar por tierra mis planes de no gastar nada en lotería, -en un principio me mantuve firme y dije, -no compro, no se hable más -y con esa idea me fui a la cama.

No hay que ser muy listo para imaginarse el sueño que tuve, si, lo habéis adivinado, la sala de profesores de mi instituto abarrotada de compañeros descorchando botellas de champán y cosas de esas que tienen burbujas y yo en casa con los ojos llorosos diciéndome lo que probablemente se estaba diciendo a sí mismo el personaje triste del anuncio –eres un rácano y un gilipollas. –Desperté sobresaltado y con la firme convicción de que tenía que comprar la lotería del instituto si o si.

El problema del anuncio de marras es que la cosa no queda ahí, el tipo baja al bar, convencido por su mujer que, dicho sea de paso, o sabe algo de la sorpresa que le van a dar o tiene muy mala leche, da la enhorabuena al camarero con una rabia contenida digna de un Óscar, se pide un café y cuando ve que no puede aguantar más y que le falta el canto de un duro para liarse a guantazos con todo el mundo pide la cuenta. En esto que el camarero le intenta cobrar 21 euritos, -que hijo puta, ¿21 euros por un café?  ¿Cómo todo el barrio se ha forrado has decidido montar un Starbucks? –le dice al camarero que está saboreando el momento para darle la sorpresa. El camarero, al ver la cara del tipo después de la bromita de los 21 euros, decide actuar rápido, no vaya a ser que se lleve una ostia y le da  el sobre con el boleto de lotería premiado. Sorprendentemente nuestro amigo sigue con cara de amargado pero si buscamos en su húmeda mirada podemos detectar un ápice de agradecimiento. Un anuncio muy bonito si señor, pero con muy mala leche, mu mala, mu mala.

He estado investigando y resulta que la culpa de que yo compre lotería esta Navidad es de un señor llamado Juan García Escudero, que según él, con su anuncio no ha querido hacer florecer el miedo a ser el único pringado del trabajo al que no le toque la lotería. Que si, que si, señor García Escudero que yo me lo creo, “la solidaridad”, dice este tipo que es el mensaje de su anuncio. Pero bueno, no voy atribuirle todo ese mérito a este señor, ya que ese miedo inunda las mentes de muchos españoles al acercarse estas fechas tan señaladas. Lo peor de este anuncio es que ha generado en mí otros sentimientos, y es que ¿qué haría yo si en vez de ser el triste pringado fuera el camarero? Porque a ver, me puede tocar la lotería y estar muy contento pero si en mitad del descorche de la botella un compañero de trabajo, instigado por su mujer, por supuesto, se acerca a mi y me da la enhorabuena con esa carita que parece que me dice –pídeme 20 euros compañero, pídemelos por favor. -Qué gran dilema, dilema que no voy a permitir que altere mis chacras, así que esta semana he tomado una decisión, voy a convencer a todos mis compañeros y amigos para que compren la lotería y que ninguno se quede sin su decimito.

Enhorabuena señores de la lotería, esta vez lo habéis conseguido, yo que este año no pensaba comprar nada y después de ver el anuncio no sólo lo compro, sino que me veo obligando a todo el mundo a comprarlo.

En fin, queridos lectores, no os robo mas tiempo, pasad una buena semana y no os olvidéis de comprar lotería. Y si me toca y a vosotros no, no vengáis a felicitarme que ya os lo he advertido.


He dicho.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Diego Molero. Actor y Melillense


¡Qué bonita es la feria en mi ciudad! Y más aún cuando sales a disfrutarla en buena compañía como lo hice ayer. Queridos lectores, lo habéis adivinado, ayer estuve en la feria celebrando la que ya se ha convertido en la tradicional “comida de feria de los arrabaleros”. Tenía pensado escribir la divertida historia de lo que aconteció durante nuestra reunión de aficionados al bello arte de Talía pero un feliz y afortunado encuentro con una persona a la que admiro profundamente me ha hecho reflexionar sobre si en nuestra pequeña ciudad ofrecemos el reconocimiento que merecen algunos melillenses, ya sean de nacimiento o de adopción, que llevan el nombre de nuestra ciudad con orgullo por todo el territorio nacional.

Y es que, queridos lectores, ayer, cuando estaba en la caseta municipal tomando unas copas con mis compañeros y amigos, me encontré con Diego Molero, y si a ti, que me estás leyendo, te resulta completamente indiferente este nombre confirmaré mi hipótesis de que aquí, en nuestra Melilla, no se hace justicia con los melillenses que abanderan nuestra tierra por toda España.

Para los que no conocéis a Diego Molero decir que me quedo corto si digo que es uno de los mejores actores cómicos de teatro a nivel nacional y que aparte de dominar las tablas ha trabajado como actor también en cine y en televisión, ha hecho doblaje, musicales, es productor teatral e incluso ha escrito alguno de sus espectáculos como es el caso de “Chistorias”, su última producción, la cual, si estuviera en mi mano, no dudaría en traer a Melilla.

Actores que dominen la escena como Diego hay pocos y verle actuar es una gozada porque es capaz de transmitir la fuerza de un personaje y a la vez aportarle un granito de su personalidad que mantiene en suspense al espectador que permanece “expectante” a la nueva ocurrencia del actor y personaje. 

Hace unos años tuve la oportunidad de ver a Diego en Melilla con la obra “Los 39 Escalones”, una comedia basada en la película homónima de Hichcock, y al finalizar la obra, comentándola con unos amigos que alababan el trabajo de Diego, se sorprendían al descubrir que ese gran actor era un niño regordete que se había criado en la calles de Melilla, que había ido a la academia de mi amigo Pedro J. Bueno y que junto con su amigo Domingo García formaban el grupo cómico “D y D” que tanto me hizo reír una noche en que me llevó mi hermano Adolfo a verlos al Club de Suboficiales. Aunque fue hace mucho tiempo aún recuerdo de "D y D" el  número del gordo y el flaco de la Montillana, o las clases de sevillanas en donde Diego cogía la manzana y se la comía antes de meterla en la cesta.

Pero Diego no sólo es un gran actor sino que procede de una de las familias más queridas de Melilla, sus padres Diego y Rosa Mari han sido melillenses de bandera y recuerdo que en su casa de Granada, donde se trasladaron a vivir, siempre he sido recibido con un plato de comida, un buen vino que te ofrecían aunque ellos no lo podían tomar por motivos de salud, y el cariño y las ganas saber cosas nuevas sobre nuestra tierra. Diego padre nos dejó hace unos años y yo siempre lo recordaré como un modelo a seguir porque era una de esas personas que te hacía sentir que mientras existieran tipos como él este mundo sería un poquito mejor.

Me dio mucha alegría encontrarme ayer con Diego y con su mujer, también reconocida actriz. Pero más alegría me daría encontrármelo después de ver alguno de sus espectáculos en las tablas del Kursaal porque sinceramente, y ojalá esto lo lea alguien con mano en estas cosas, los melillenses merecemos ver en el Kursaal todas y cada una de las producciones de nuestro querido paisano Diego Molero.

martes, 28 de agosto de 2012

16 de Mayo de 1997


El 16 de mayo de 1997 me encontraba en la habitación 216 del Colegio Mayor Cardenal Cisneros, habitación de la que yo era usuario durante ese año y cuya ventana daba a lo que era el Centro Comercial Neptuno. Con estos datos muchos de mis queridos lectores ya habrán supuesto que estoy hablando de una de mis aventuritas de Granada, quizás la que con más cariño recuerdo. Por aquella época yo tenía pelazo, no tiene importancia para contar esta historia pero quería decirlo, un pelazo que al viento lucía como el de  Rocío Jurado, tampoco viene al caso pero yo lo digo. Era 16 de mayo, era 1997, lo recuerdo perfectamente, alguien llamó a mi puerta, era mi amigo Juanfra, que residía en la habitación de al lado de la mía y que desde principio de curso se apropió de mi guitarra con la que compuso algunos de sus grandes temas y por las que algún día le pediré derechos de autor. Mi amigo Juanfra es arquitecto y cantautor y aunque en aquella época sus padres le prohibieron llevarse la guitarra a Granada para que no se despistara en sus estudios de arquitectura, hoy en día, “debido a la herencia socialista”, mi amigo Juanfra gana más dinero cantando que diseñando glorietas, o sea, una mierda. Y como lo está pasando mal y como él, a pesar de que no lo veo desde hace más de 10 años, sigue siendo un gran amigo, he decidido rememorar esa noche en que me sacó a celebrar mi veinte cumpleaños. No sé si a Juanfra le importará que cuente que se acercó a mi habitación con una hoja de marihuana         que le había dado no se quién metida en un libro, no sé si nos meterán en la cárcel por decir que nos fumamos sendos porros mientras escuchábamos temas de Silvio grabados en cinta, para mis jóvenes lectores decir que una cinta es donde se escuchaba antes la música, que Silvio es el “boss” de los cantautores y que si te fumas un porro de marihuana no vas al infierno, si te lo fumas de hachís, sí… bueno, tampoco. Como siempre que escuchábamos a Silvio debatíamos sobre el significado de sus canciones, y entre canción y calada le comenté a mi amigo la circunstancia de que en breve iba a tener lugar mi cambio de década, esa noche iba a dejar de ser un “teen” con pelazo y pasaría a formar parte de los “twenties”, también con pelazo.  Esto hay que mojarlo, comentó mi amigo y allí que salimos a la calle, con lo puesto, sin preocuparnos por nada, con los dientes aún sucios de la cena y sin hora prevista de regreso.

El primer sitio al que nos dirigimos fue una chupitería en donde nuestro amigo Kiko se había hecho famoso por haber tomado los cien chupitos de la carta en una sola noche. Para mis jóvenes lectores decir que Kiko una mañana mientras estábamos charlando tranquilos en el cuarto de un amigo apareció con la piel más amarilla que la de un Simpson y nos preguntó que si le notábamos un color raro, lógicamente confirmamos que su aspecto no se debía a ningún  efecto óptico sino posiblemente a algún  problema de hígado… no volvimos a ver a Kiko.

Chupitos, cervezas, copas, cigarrillos, risas y cuando estuvimos lo suficientemente caldeaitos nos dirigimos a rastras a un pub llamado “El Harem de Arquímides”. Mi amigo Juanfra era conocido entre los dueños del local por haber dado algún  que otro concierto. Dio la casualidad que cuando entramos estaba cantando Juan Trova, un viejo amigo de Juanfra. Borrachos como cubas nos sentamos en la barra al lado de una pareja, a la que mi amigo Juanfra se encargó de decirles que esa noche yo cumplía 20 años y que me iba a cantar una canción. La pareja al ver el estado de mi amigo y, aunque yo no abrí el pico, del mío, seguramente pensó que lo único que iba a cantarme era una serenata en la calle después de que nos echaran del bar mientras yo vomitaba hasta el último whisky en una esquina. Pero no fue así, Juanfra le hizo un pequeño  gesto a Juan Trova y al terminar su canción, creo que una que le dedicaba a su hijo, anunció a Juanfra Cordero. La pareja que estaba a nuestro lado, al ver como el amigo Juanfra se tambaleaba mientras se acercaba al escenario, se prepararon para un espectáculo digno de los últimos años de Jim Morrisson. Juanfra se acomodó en el escenario, cogió la guitarra, informó a la gente de que esa canción era mi regalo de cumpleaños y cantó “Un Sitio en el Cielo” como si ni una gota de alcohol circulara por sus venas. La pareja que estaba sentada a nuestro lado no tuvo más que rendirse  a su voz, a su forma de tocar la guitarra y a esa forma de componer que hace que te sientas identificado con cada una de sus canciones.

Salimos del bar borrachos y sin rumbo fijo, paramos a tomar una cuantas copas y en uno de los pubs de Pedro Antonio se nos ocurrió ir a visitar a una rubia que Juanfra conocía de Úbeda y que casualmente estudiaba química conmigo. Yo no tenía mucha confianza con ella pero iba borracho y Juanfra me aseguró que para ella no iba a suponer ningún inconveniente que fuéramos a hacerle una visita a las tantas de la madrugada. Y allí que nos presentamos, a esas horas llamando a su portero automático. Una voz de mujer medio dormida contestó y Juanfra dijo como si nada –Buenas noches, ¿Está Raquel? –yo no pude contener la risa, serían más de las tres de la madrugada. El caso es que nos abrieron la puerta y allá que subimos, yo tímidamente me atusé mi pelazo y allí que nos abrió la puerta la rubia enfundada en su  pijama. Estuvimos incordiándola un buen rato y yo, cuando me di cuenta de que la pobre chica se quería ir a dormir insté a Juanfra a que abandonáramos la casa antes de que Raquel llamara a la policía para que procediera nuestro desalojo.

Medio a rastras logré sacar a mi amigo de aquella casa, circunstancia que a pesar de estar semiinconsciente le sentó como una patada en las gónadas y se pilló un mosqueo monumental porque precisamente yo, le había hecho quedar como un borracho delante de su amiga. Amigo Juanfra, si hubieras ido sólo seguramente ella habría pensado que eras un caballero que se interesaba por ella a altas horas de la madrugada. El caso es que tuve que pagar un par de rondas más para limpiar el honor de mi amigo.

No sé qué hora sería cuando regresamos al Colegio Mayor y cuando abrí la puerta de mi habitación Juanfra se coló dentro, se tumbó en la cama y me dijo que me fuera, que ese era su cuarto. Convencerle de que esa era mi habitación me costó bastante tiempo y cuando lo conseguí ya nos habíamos espabilado por lo que nos dirigimos a seguir haciendo de las nuestras. Nos dimos un paseo por las habitaciones buscando a algún compañero que se encontrara despierto estudiando y fuimos a dar con la habitación  de un compañero y amigo muy estudioso llamado José Manuel Dorado. Llamamos a su puerta y el debió de olerse la tostada porque por más que insistimos decidió hacer caso omiso de nuestra llamada. Juanfra y yo decidimos que si no abría la puerta no le íbamos a dar la posibilidad de estudiar más.   Por aquella época había una broma muy común  en el Colegio que consistía en fundir los plomos de toda una planta haciendo uso de dos alargadores dos enchufes y muy mala pipa, y esa fue la forma en que conseguimos que ni nuestro amigo José Manuel Dorado ni nadie de la planta estudiara esa noche. Creo que esa noche se perdieron trabajos muy valiosos por no guardar los archivos del ordenador de vez cuando mientras estaba trabajando.

Pero bueno, volvamos a la noche, lógicamente sin luz,  decidimos fumarnos el último cigarrito antes de dormir y a mi amigo se le ocurrió sellar la gran noche con un bautismo que nos convertiría en hermanos desde ese mismo momento. Como el agua del grifo es muy sosa y todo el alcohol estaba en el interior de nuestro cuerpo decidimos bautizarnos con el primer líquido que  no fuera agua que encontramos, una Coca Cola que nos arrojamos sobre nuestras cabezas y que nos convirtió a Juan Francisco Cordero y a mí, Borja Puertas, en hermanos de Coca Cola.

lunes, 6 de agosto de 2012

80.000 Euros en Cañas


Llevo un rato dándole vueltas a ver si se me ocurre algún tema para poder entretener con una nueva entrada a mis queridos lectores. Con la que está cayendo lo más normal sería hablar de recortes, de primas de riesgo y de “mamandurrios” o como se diga esa palabra que se ha inventado Esperanza Aguirre. Es tentador, pero parece que hoy en día todo el mundo quiere hablar de eso y también sería tentador para mis lectores hacer clic en la x de arriba a la derecha y dedicar el tiempo en algo más interesante que leer otro aburrido ensayo sobre la crisis que asola al país.

En fin, empezaré mis reflexiones hablando de algo intranscendental a ver si a medida que voy escribiendo se me ocurre algo. Esto es una situación embarazosa, es como cuando te dejan a solas con una persona con la que no tienes ninguna confianza y no se te ocurre nada para entablar una conservación. Pues bueno, empiezo yo, hace unos días sucumbí a una tentación que llevaba rondándome la cabeza desde hace varios meses y decidí destinar una parte de lo que parece que será mi última paga extraordinaria en comprar un iPad. Llevamos un par de semanas juntos y ya le he cogido cariño, le he puesto hasta nombre, mi iPad se llama Marianito. Mi iPad vive muy bien en una fundita de piel que le he comprado, es monísima. Todas las mañanas, después de una reconfortante carga nocturna, me informa del estado de la prima de riesgo. Cada vez que intento trabajar con una aplicación nueva, Marianito, con su carita de no haber roto nunca un plato, me pide que haga un pequeño esfuerzo económico por el bien del sistema operativo, mi iPad es así.

Marianito ha llegado antes de tiempo. Yo esperaba encontrármelo la mañana del día seis de enero en una cajita adornando el árbol de navidad de mi hogar, pero claro, tal y como están las cosas, y con el IVA por las nubes, dudo que los Reyes Magos vengan a visitarnos este año, bueno, seguro que vienen, y yo sé de uno al que le van a dejar carbón (y se llama como iPad, hala, ya lo he dicho).

Una de las funciones más impresionantes de mi nuevo aparatejo es poder leer el Melilla Hoy a primera hora de la mañana. Así que ni corto ni perezoso me he unido al carro de los bien informados suscribiéndome a las noticias de este curioso medio de comunicación. La semana en Melilla ha sido movidita. Mientras que grandes ciudades como Barcelona y Valencia piden ayuda al estado para poder sobrellevar esta horrible crisis, los gobernantes de mi querida Melilla han decidido lanzarles una ayuda. Así que queridos valencianos y no menos queridos barceloneses, si venís a visitar Melilla entre el mes de noviembre y diciembre de este año, os ponemos la tapa y la caña a un euro, hala, para que veáis lo buena gente que somos y como promocionamos el turismo en nuestra ciudad. Eso sí, no olvidéis pedir también un descuentito en el billete de avión, no vaya a ser que lo que os ahorréis en cañas se lo quede Iberia.

Para los que no estén al tanto de esta curiosa noticia, decir que la consejería de turismo de mi querida ciudad ha decidido invertir 80.000 euros en subvencionar bebida y tapas en algunos de los bares de mi ciudad, de modo que durante los meses de noviembre y diciembre de este año en estos bares la consumición costará únicamente un euro. Para ser beneficiario de esta brillante idea y acceder a la cervecita subvencionada habrá que ponerse en cola para recoger un bono de 20 consumiciones. El sitio en donde nos va a tocar hacer cola, no lo sé, pero yo propongo que se vendan en la taquilla del Kursaal, para que el que nos vea se piense que vamos al teatro y así no nos de tanta vergüenza que nos haga una foto Paquito después de estar seis horas esperando por el “bonobirra”. Cuando nos saquen en el Melilla Hoy siempre podremos decir que la foto es de archivo y que en realidad estábamos haciendo cola para sacar las entradas de Mary Poppins.

Analizando, desde mi iPad por supuesto, los foros de gente de mi ciudad, he llegado a la conclusión de que la mayoría de los melillenses que se conectan al facebook están que trinan con esta forma de promocionar la ciudad. A mí, la verdad, me parece  una medida poco elegante, habida cuenta de que mucha gente tendrá que cambiar estas navidades el turrón por pan con azúcar y el jamón de pata negra por chopepor. El gobierno aún no se ha pronunciado sobre estas críticas, pero seguramente la mala situación de la hostelería melillense, en concreto de los bares de tapas, se deba a la herencia socialista. Y es que con el PSOE la gente no se iba de tapas y ahora pues hay que motivar a la población melillense para que vuelva a confiar en el ritual de las cañitas que tanto esplendor tuvo en tiempos de Aznar.

En fin, que así están las cosas, y encima ahora empieza la Semana Náutica. Si os aburrís os invito a leer mi entrada del 9 de agosto de 2010, una divertida historia sobre la Semana Náutica de Melilla con la que inauguré mi blog.

viernes, 3 de agosto de 2012

Paco López


Llevo un par de semanas pensando en la manera de volver a retomar la sana costumbre de contar a mis queridos lectores  las cosas que rondan por mi cabeza a través de éste, mi querido y abandonado blog. Tenía ya varias ideas en mi cabeza e incluso había ya escrito un  pequeño boceto para una divertida entrada, pero el prematuro fallecimiento de mi suegro, mi querido Paco, hace que cambien las tornas y que una vez más dedique unas líneas a homenajear a un ser querido, injustamente arrebatado de este mundo en el momento en el que a su familia más nos hacía falta.

Un hombre importante donde los haya Paco, y es por esto que seguro recibirá infinidad de homenajes en estos días por su contribución al deporte melillense. Pero yo no voy a hablar de Paco López “el presidente del ascenso”, entre otras cosas porque por aquella época yo cumplía 10 añitos, no me interesaba el fútbol y aún no le había echado el ojo a su hija. No puedo hablar de Paco, el que se puso el mundo por montera, el que siempre tenía razón, el que consiguió todo lo que se propuso y más, el que su palabra iba a misa, el que manejaba el cotarro en Melilla mano a mano con el Delegado del Gobierno y el Comandante General. No puedo hablar de ese Paco porque no lo conocí, pero estoy seguro que ya hablarán de eso otras personas que compartieron esa época de la que tan orgulloso se sentía.

Yo conocí a un Paco López vulnerable, no en vano me casé con uno de sus puntos débiles. Conocí al Paco que ponía el bienestar y la unión de su familia por encima de todas las cosas.  Conocí a un Paco que lloraba casi a diario, a un Paco que después de haber conseguido todo lo que se propuso vio como, su vida, tan llena de triunfos y alegrías le arrebataba lo que más quería sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Conocí a ese Paco y es por esto que quiero hablar de él.

Creo que fue hace ya ocho años cuando pasito a pasito, como las hormiguitas, entré a formar parte de la familia López Maldonado. Por aquella época Paco era dueño de una tienda de juguetes y la familia vivía aún en ese chalet de la cuesta de la Shell en el que aún se puede ver una placa en donde se lee “Villa Carolina”, nombre de la finca, y no por casualidad, de mi señora. “Villa Carolina” fue uno de los sueños del querido Paco, un verdadero hogar que siempre permanecía con sus puertas abiertas para que todo conocido, amigo o familiar entrara a saludar, a charlar, a tomarse un refrigerio o incluso quedarse a comer. La olla de la casa de los López parecía no tener fondo, o sino ya se apañarían como decía mi suegra Loli. En ese chalet se celebraba la navidad, el año nuevo, los cumpleaños y, aunque fuera sólo para decir hola, era obligatorio pasar por allí como mínimo una vez a la semana. Yo estuve muy poco tiempo en “Villa Carolina” y sé de buena tinta que si no hubiera sido por una fuerza mayor Paco jamás se habría desprendido de ella. Recuerdo cuando me comentó que su intención era echar abajo la casa, construir un edificio, y regalar un piso a cada uno de sus hijos para mantener a la familia unida. Estar todos juntos, esa era su obsesión. ¡Como disfrutaba Paco con las reuniones familiares!

Llegó la mudanza y la familia se trasladó al piso en donde viven ahora. Lo primero que hizo Paco al entrar a su nueva casa fue apañar el salón para dar cabida a toda la familia, él hubiera querido una cocina gigante como la del chalet para ir poniendo platos de comida a todo el que llegara sin que faltara ni un sitio, pero claro, los pisos son más cómodos de mantener, pero menos espaciosos. Pasó el tiempo y Paco consiguió meter en el salón de su casa a toda su familia, apretujados, pero juntos.

Unas navidades, la verdad es que no recuerdo cuales, llegó el momento en que Carolina y yo decidimos irnos a vivir juntos, la decisión estaba tomada, pero ¿cómo se lo decíamos a Paco? Paco, que no tenía de tonto un pelo, ya se olía algo, no en vano, lo sabía toda la familia menos él, así que en Nochevieja me invitó a salir un ratito a la terraza. Imaginaros mis nervios en ese momento, estaba hecho un flan, y las dos copitas que llevaba encima no ayudaron a tranquilizarme. No recuerdo exactamente nuestra conversación, solo recuerdo que me preguntó si quería a Carolina de verdad, yo lógicamente contesté que sí, me dio su consentimiento  con la condición de que la decisión fuera para toda la vida, me abrazó, me dio un beso y me dijo que acababa de ganar un hijo.

Un hijo… ¿quise a Paco López como a un padre? Quizás no sentí el abrazo en ese momento como un abrazo de padre, pero ahora que no está, y mientras estoy escribiendo y echando la vista años atrás me doy cuenta de que quizás sí siento por él la confianza, el respeto y el cariño que todo hijo debe sentir por un padre. Desde el primer momento Paco se comportó conmigo como si fuera un padre, no me enseñó a montar en bici porque con casi treinta años yo ya había aprendido, pero me introdujo en los rituales que cada uno de sus hijos tenían que cumplir; llamar por teléfono, ir a visitarlo, dar un beso al llegar y al irme. A mí no me gusta dar besos pero con Paco no había manera de escaquearse. Alguna que otra vez incluso me llevó al “Álvarez Claro” a ver jugar a su querido equipo. Yo  nunca he seguido el fútbol pero, como siempre he sido muy curioso, durante los partidos le preguntaba sobre anécdotas de futbolistas o situaciones raras que habían ocurrido en los partidos de fútbol. Él parecía disfrutar contándome las batallitas de los tiempos en que en Melilla todo el mundo se conocía y  la confianza era el único aval para cerrar un trato o un negocio. Como han cambiado los tiempos, decía, ya no te puedes fiar de nadie, se han perdido las buenas costumbres…

Así era el Paco que yo conocí, y así seguiría siendo si este maldito destino no le hubiera jugado las malas pasadas que terminaron con su vida. Ahora me toca hablar del Paco vulnerable, y no por ello débil. Toca hablar de Paco, que se dio cuenta de que no todos los problemas tienen solución, y es que cuanta más gente amas más vulnerable se vuelve tu corazón.

El primer mazazo de los últimos años de Paco fue la muerte repentina de su sobrina Fina, fue la primera vez que lo vi llorar. No sin esfuerzo, la familia logró reponerse de esta injusta tragedia, pero la vida nos tenía reservada otra cruel broma. Casi un año después llegó la enfermedad de Sonia, su hija. El maldito cáncer. Cuando te dicen que una persona tan llena de vida, tan cercana a ti, una persona a la que has visto nacer, llorar, reír, amar, crecer…, tiene una enfermedad que la va a matar lenta y cruelmente, pues no te lo crees y buscas la forma de retar al maldito destino y salvar su vida.

Para Paco la enfermedad de Sonia fue un ir y venir de esperanzas y de desengaños. En nuestras largas caminatas por el Paseo Marítimo buscaba en mí alguna palabra que le diera fuerzas para seguir luchando, me preguntaba una y otra vez la forma en la que teníamos que actuar. A veces se derrumbaba y otras veces se armaba de fuerzas y organizaba las cosas con el fin de mejorar la calidad de vida de su hija. Si lo hubiéramos dejado hubiera estado las 24 horas del día pegado a su querida gordi. Paco quería tenerlo todo controlado, no soportaba que cuchicheáramos  a sus espaldas, sabía que la enfermedad de Sonia le superaba, pero no podía reconocerlo.

A Paco le detectaron un cáncer, con mejor pronóstico que el de Sonia, pero  cáncer al fin y al cabo. Paco nunca aprendió a ser enfermo, y es que son injustas algunas de las lecciones que te da la vida. Le operaron en varias ocasiones y siempre quiso estar y estuvo al lado de su familia. Incluso Sonia, con las pocas fuerzas de las que disponía, estuvo a su lado en los momentos más difíciles. Paco nunca llegó a recuperarse de su última operación y a pesar de que los médicos decían que estaba todo bien, él sabía que algo no funcionaba en su interior.

Unos meses más tarde Sonia nos dejó y todo se derrumbó. Paco hizo el vano intento de ser fuerte, pero no le salía, en las múltiples charlas que tuvimos me preguntaba el porqué de la marcha de su hija… ni yo ni nadie tiene respuesta para eso. Me pidió consejo, quería saber cómo actuar, qué hacer. Él era el cabeza de familia, su obligación era sacarlos adelante, pero la ausencia de su hija unida a su enfermedad le impedía levantar a esta familia por la que tanto había luchado. No te olvides de mí me decía muchas de las veces en que después de un paseo o un rato de charla yo me despedía de él.

Con su obsesión, su firme propósito de mantener a su familia unida, Paco se fue poco a poco consumiendo, creo que más por la tristeza que por su enfermedad.

El último triunfo de Paco fue el nacimiento de su nieta Cayetana, la esperanza de que la familia que él había creado y por la que tanto había luchado fuera a seguir creciendo unida.  La noche en que nació Cayetana, él estaba bastante débil para acompañar a su hija al hospital. Yo preferí quedarme en casa con él por si necesitaba algo y para acompañarlo en la alegría que el acontecimiento suponía. Aquella noche Paco estaba inquieto, yo estaba en la salita de su casa leyendo y él se levantaba cada dos por tres a preguntar si ya había ocurrido el alumbramiento. Cayetana nació de madrugada y yo desperté a Paco para comunicarle la feliz noticia. Nunca olvidaré ese momento, fue la primera vez en mucho tiempo y la última vez que lo vi llorar de felicidad.

A la entrada de Cayetana en este mundo le sobrevino la despedida de Paco. Paco pasó sus últimos días en casa, rodeado de su gente, de la familia por la que tanto había luchado. Una noche de verano Paco se despidió de nosotros, dijo que quería dormir y no despertó nunca más. Paco se fue tranquilo, un sereno suspiro fue su último adiós.

Para Cayetana y para todos los nietos y bisnietos que vengan Paco pasará a ser una de esas fotos de un hombre serio y recto que gobiernan las casas. Por eso, si dentro de muchos años la nueva generación de la manada de los López lee esto, quiero que recuerden a Paco como un hombre fuerte, duro y recto, pero también cariñoso y vulnerable cuya debilidad ha sido y siempre será su familia. También quiero que tengan en cuenta que al Paco se le llama Paco, porque a él no le gusta que le llamen abuelo.

miércoles, 25 de abril de 2012

El Día del Libro



El 23 de Abril se conmemoran las muertes de los mayores exponentes tanto de la literatura inglesa, William Shakespeare, como de la literatura española, Miguel de Cervantes. No en vano siempre se ha dicho que los ingleses hablan la lengua de Shakespeare y los españoles, por su parte, la lengua de Cervantes. Lo curioso es que todas estas muertes se suponen ocurrieron en el mismo día del mismo año por lo que imagino que los medios de comunicación de aquella época no darían abasto en los noticieros del día 24 de abril de 1616 y que las editoriales hasta bastantes meses después del fatídico 23 de abril estuvieron bombardeando el mercado con las recopilaciones y obras póstumas de estos grandes de las letras. La autoría de las obras de Cervantes es indiscutible pero parece ser que a algunos actores les ha dado por pensar que el pobre William era más falso que los Mili Vanilli. La pasada semana tuve la oportunidad de ver en casa el film con el que los llamados anti-stradfordianos exponían al mundo los argumentos que les llevaban a pensar en Shakespeare como un fraude. “Anonymus”, que así se llama la película, sorprende por su fotografía, por la interpretación de los actores, en su mayoría curtidos en las tablas de los grandes teatros londinenses, y por supuesto  por la historia que cuenta. Un film altamente recomendable que sembró la duda en mi susceptible mente y que como amante de la obra de Shakespeare, o de quien carajo sea el autor ahora, me obliga a posicionarme en uno de los dos bandos; stradfordiano o anti-stradfordiano he aquí el dilema. Total que llevo una semana fatal ya que en breve tengo previsto un homenaje al buque insignia de la literatura inglesa y aún no he decidido si atribuirle la autoría de sus obras o no. Al final me quedo con lo que decía el amigo Oscar Wilde, revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte; y es que lo importante no es quien escribió las obras atribuidas al actor de Stradford, sino que tanto por ciento se lleva la SGAE con esto.

Las muertes de estos dos grandes escritores se convierten en la excusa con la que la UNESCO decide celebrar un día para algo tan importante como es el libro. A mi personalmente me encanta la forma que tienen de celebrar este día en Cataluña y es que, como mis queridos lectores ya sabrán, para los catalanes el día de San Jordi se convierte en la fiesta del libro y la rosa.  Pasear por las Ramblas de Barcelona un 23 de abril se convierte en una delicia cultural con olor a papel y a rosa fresca. Aunque la costumbre es un poco machista ya que dicta que a las mujeres se les debe regalar belleza, en forma de rosa, y a los hombres cultura, en forma de libro; ahora mismo independientemente del sexo de la persona a la que se quiere agasajar en San Jordi, se regala el correspondiente libro acompañado de una rosa. Resulta esperanzador, en los tiempos que corren, época de teléfonos móviles, ordenadores, ipads, mp3, consolas y demás cacharrerías, como aún queda sitio en nuestras mochilas para una historia escrita en las páginas de un libro. El CD y el MP3 desplazaron a la cinta de casette y al disco de vinilo, el DVD y el Blu-Ray al video, pero aunque los libros en edición digital parece que empiezan a pegar fuerte, la gente sigue prefiriendo el romanticismo de la letra impresa, el olor a papel, el tacto de las páginas… Lo confieso, hace poco me he pasado al libro digital, me trajeron uno los Reyes Magos las pasadas Navidades y mis últimas aventuras las he vivido con un trozo de plástico y circuitos en las manos. Es una forma cómoda de llevar más de cien historias comprimidas en poco más de 100 gramos de peso que me acompañan a todos lados, pero también confieso que echo de menos el papel y que, como el que de vez en cuando se pierde en la montaña para apartarse del ensordecedor ruido del progreso, necesito de vez en cuando sentir el tacto, el sonido y el olor del papel entre mis manos. -¿A qué sabe un libro? –preguntaban esta mañana en las noticias a una niña que iba al colegio portando en las manos el libro y la rosa correspondiente –Un libro sabe a sueños que a veces se convierten en realidad. Feliz Día del libro. 

martes, 17 de abril de 2012

Sonia

Queda prohibido llorar sin aprender. Bajo el lema de unos versos de Pablo Neruda Sonia decidió afrontar su enfermedad. Llorar es el primer impulso, pero ¿que aprender del llanto?, tras ese primer llanto Sonia secó sus lágrimas, empezó a luchar y frente a una enfermedad que la dejaría postrada en una cama durante los seis meses que los médicos quisieron darle de vida se puso en pie durante cuatro años demostrando al mundo de la pasta que estaba hecha esa niña regordeta a la que le pirraban los rufitos, tumbarse en el sofá y conseguir con ese encanto que le caracterizaba todo lo que quisiera sin tener que mover un dedo.

Queda prohibido levantarte sin saber que hacer. Hubo momentos en que los dolores hicieron que Sonia se sintiera inútil pero eso no fue un  obstáculo para que todos los días, y algunos apenas sin fuerzas, cogiera el teléfono y marcara, como mínimo el número de casa de sus padres, y se asegurara de que todos sus hermanos estuvieran protegidos del sufrimiento que a ella apenas le dejaba respirar.

Queda prohibido tener miedo a tus recuerdos. Cada día, sin excepción, Sonia recordaba que un año antes de truncársele la vida decidió compartir las ilusiones de una nueva vida, crear un hogar, tener hijos, envejecer juntos… ¿es mucho pedir?, pero tuvo que venir el maldito cáncer a joderlo todo. Estaba prohibido, pero Sonia tuvo miedo a sus recuerdos, miedo a no superar el miedo, miedo a que sus padres y hermanos no entendieran que tarde o temprano ella no podría volver a llamarlos. En la pantalla del teléfono de mi casa jamás volverá a aparecer el nombre de Sonia pero a mi me gusta recordar las últimas palabras que me ofreció –Deja que me marche. Prometo que allá donde vaya cuidaré de vosotros siempre.-

Queda prohibido no sonreír a los problemas. Qué difícil parece esbozar una sonrisa cuando es un frágil hilo lo que te aferra a todo el amor que conoces. Antes, durante e incluso después de sus cuatro últimos años de vida han sido muchas las sonrisas que Sonia nos brindó con el encanto que aún no logramos descubrir de quien heredó. El día que le quitó el velo a una monja, las veces que iba a buscarla en bata su madre a la chimenea, sus bromas, sus chistes, sus historias… ahora que no está y, aunque con lágrimas en los ojos, sigue haciéndonos sonreír. Dos días antes de dejarnos Sonia quiso gastar una última broma a su hermana y fingió estar dormida para asustarla cuando ésta se acercó a su cama. Así era Sonia, pelota, bromista, encantadora… y así he decidido recordarla.

Queda prohibido no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo. Cuando a Sonia le comunicaron que tenía cáncer el único deseo que rondó su mente fue el sobrevivir y creedme si os digo que luchó por conseguirlo. Tuvo miedo, todos tuvimos miedo, pero jamás abandonó su lucha contra una enfermedad a la que odiaba tanto como ocultaba su dolor a las personas a las que intentaba proteger de ella. Quizás muchos piensen que a Sonia le venció el cáncer, pero se equivocan, la Gordi venció al cáncer al demostrar a todos que con una sonrisa, aunque sea fingida, se puede plantar cara a este mundo tan injusto en el que una simple casualidad te arrebata a seres tan necesarios como Sonia.

Queda prohibido no convertir en realidad tus sueños. Sonia jamás conseguiría sus sueños, pero pudo verlos convertidos en realidad a través de sus hermanas. Mentiría si dijera que no sintió envidia de la vida que ella soñó y que el maldito cáncer le arrebató aquella mañana de mayo. Sonia tuvo que acostumbrarse a ver su vida soñada en las películas y quizás alguna vez de pura rabia lanzó cualquier objeto que alcanzara su mano contra estos personajes que continuamente le restregaban en la cara aquella vida que ella nunca tendría. Sonia decidió que ya que no podía convertir en realidad sus sueños, haría todo lo posible por hacer que las personas que le rodeaban pudieran conseguir la felicidad que ella añoraba. ¿Lo consiguió? Creo que, aunque el dolor por su ausencia parece ser cada vez más grande, deberíamos hacer esto por ella.

Queda prohibido no demostrar tu amor. La fuerza, la alegría, el aire… todo esto podía arrebatarle el cáncer pero si hay algo inmune a todas las enfermedades, incluso a las más crueles, eso es el amor. Sonia desprendía amor por los cuatro costados, amor por su marido, amor por sus hermanas, amor por su hermano, amor por sus padres, sus cuñados, sus sobrinos, sus amigos… jamás a nadie le faltó el amor de Sonia aun cuando el dolor era tan fuerte que apenas podía respirar –allá donde vaya cuidaré de vosotros siempre-.

Queda prohibido hacer que alguien pague tus deudas y el mal humor. Estamos preparados para comprender la imperfección del alma de los hombres pero jamás entenderemos  las injusticias a las que nos somete algo tan superior y admirable como es la naturaleza. ¿Quién creó el cáncer? ¿Ese ser tan bueno y compasivo al que llamamos Dios? ¿En qué o quién descargamos el odio que nos produce la impotencia ver como se nos apaga la vida sin que ningún ser supremo y misericordioso haga nada para impedirlo? La respuesta a esta última pregunta es fácil, en la persona que jamás se apartará de nuestro lado, en la persona que nos cuida y que nos quiere. Esas noches de impotencia e incomprensión, esos días en los que parecía no tener sentido seguir luchando, esas lágrimas que no aplacaron la sed de una respuesta se borrarán pronto de nuestras mentes y darán paso a los buenos recuerdos porque así es como Sonia merece ser recordada.

Queda prohibido dejar a tus amigos, llamarles solo cuando los necesitas. Jamás Sonia se acostó una noche sin cerciorarse que todos sus seres queridos tuvieran la paz que ella luchaba por lograr. Nunca dejó de llamar, nunca dejó de preguntar, nunca dejó de ofrecer sus hinchados y amoratados brazos para cargar con el peso del más mínimo problema que nos pudiera afectar. Sonia nunca se olvidó de nadie y es por esto que nunca la olvidaremos.

Queda prohibido no vivir cada día como si fuera un último suspiro. Si algo puede describir a Sonia antes de su enfermedad es que amaba la vida, que vivió cada uno de sus días como su fuera el último. El carácter de Sonia era un  torrente de felicidad que se contagiaba a través del brillo de sus ojos. Viajó, rió, hizo reír a los demás, lloró de alegría y de tristeza, en más de una ocasión se emborrachó, se enamoró, se desenamoró, se volvió a enamorar, corrió, gritó, cantó, respiró aire puro, más de un día lo pasó en la cama porque quiso, muchos fueron los días que pasó en la cama porque no pudo levantarse, amó con todas sus fuerzas… vivió hasta que su cuerpo se lo permitió. Un cuerpo demasiado frágil para contener a un alma tan inquieta.

Sonia se ha ido, no volverá, su alma vuela libre, ya no tiene que cargar con el peso de un cuerpo enfermo. Sonia vela por los que nos quedamos, porque nos lo prometió y los ángeles nunca incumplen sus promesas. Se fue su cuerpo, se fue su voz, su tacto, pero quedan en el recuerdo sus risas, sus payasadas, el brillo de sus ojos, su ejemplo de lucha por intentar hacer de este mundo tan cruel e injusto un lugar mejor.

Queda prohibido no echar de menos a alguien de menos sin alegrarte, olvidar sus ojos, su risa, todo porque sus caminos han dejado de abrazarse, olvidar su pasado y pagarlo con su presente. Sonia siempre provocará sonrisas en todo el que quiera recordarla, pero es inútil intentar alejar la tristeza de saber que jamás volverá a formar parte de nuestras vidas. Yo por mi parte prometo no olvidar a  Sonia, que estuvo pendiente de mi el día en que con tantos nervios fui a presentarle mis respetos a su padre, a Sonia, que se ponía siempre de mi parte cuando discutía con su hermana, a Sonia que siempre tenía una palabra amable en la boca, la que aún estando enferma se ofrecía a prepararme la comida cuando su hermana por cualquier motivo estaba de viaje, la que me dijo que me dejara de tonterías y me casara con su hermana, nunca olvidaré a Sonia, que me prometió que allá donde fuera a parar iba estar pendiente de nosotros. He sentido rabia, impotencia, ganas de mandarlo todo a la mierda, sentimientos que seguro que comparten conmigo todas las personas que han visto como tanta lucha, tanto dolor y tanto sufrimiento  no sirven de nada cuando la fortuna no está de nuestra parte.

Pero ahora llega el momento de continuar creando nuestra historia, de seguir el ejemplo de Sonia y buscar tiempo para la gente que nos necesita y como dijo Neruda, empezar a entender que lo que la vida te da, también te lo quita porque, y esto ya no es de Neruda, es mejor haber amado y perdido que nunca haber amado. Llega el momento de buscar la felicidad, de afrontar la vida con actitud positiva de empezar a pensar que al igual que con Sonia, sin ti, sin mi, sin vosotros este mundo no sería igual.